Esta es una de las preguntas más habituales entre propietarios que se acercan a la última etapa de su vida y quieren decidir la mejor forma de transmitir sus bienes a sus hijos. El objetivo suele ser doble: pagar los menos impuestos posibles y evitar problemas legales en la inscripción registral de la vivienda.
Según Idealista, los expertos en sucesiones insisten en que la respuesta depende de la Comunidad Autónoma, la situación económica y las relaciones familiares. Aun así, existen dos enfoques claros: donar una propiedad en vida, como también se hace con sumas de dinero para ayudar a un hijo, o dejar la vivienda en herencia, de forma que los herederos la reciban tras el fallecimiento del propietario.
Como norma general, los expertos consideran más recomendable heredar que recibir una donación en vida. Los motivos son: menor carga fiscal, ya que existen bonificaciones en el Impuesto de Sucesiones y la herencia está exenta del IRPF, y mayor flexibilidad, porque mientras el propietario viva, puede modificar el testamento y cambiar el reparto de bienes en cualquier momento.
En el caso de la donación de un inmueble, salvo contadas excepciones, es irrevocable. Una vez realizada, el donante no podrá recuperar el bien. Además, la fiscalidad puede ser más elevada, ya que en muchos casos implica pagar el Impuesto de Donaciones, plusvalía municipal y posibles ganancias patrimoniales sujetas a IRPF.
En la mayoría de los casos, heredar es más ventajoso que recibir una donación en vida, tanto desde el punto de vista fiscal como legal. La herencia permite ahorrar impuestos y ofrece flexibilidad para cambiar la voluntad del testamento, mientras que la donación es definitiva y puede suponer un mayor coste tributario.



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