Una de las primeras consecuencias que trajeron la pandemia y el estado de alarma al mercado del alquiler fue un fuerte incremento de la oferta disponible. Este aumento del stock se debió principalmente al parón provocado por el confinamiento, un periodo en el que durante varios meses apenas se cerraron operaciones y las viviendas fueron acumulándose en los portales inmobiliarios.
Este fenómeno fue especialmente intenso en los mercados más dinámicos, donde la rotación de viviendas era habitualmente elevada. En cambio, las ciudades con menor actividad apenas notaron el impacto del confinamiento sobre su oferta de alquiler.
En aquel contexto, marcado por una mayor disponibilidad de viviendas y una presión a la baja sobre los precios, muchas familias aprovecharon para acceder a una vivienda en alquiler o cambiar de residencia buscando opciones que se adaptaran mejor a sus necesidades.
Sin embargo, cinco años después, el escenario es completamente distinto. Según datos de Idealista, muchas de las viviendas alquiladas a finales de 2020 han regresado al mercado tras la finalización de sus contratos, pero lo hacen en un entorno radicalmente diferente: los precios son hasta un 40% más elevados, la oferta disponible se ha reducido un 61% y la competencia entre inquilinos se ha disparado un 483% desde entonces.
Una oferta cada vez más escasa
La reducción de la oferta ha sido especialmente acusada en las principales ciudades españolas. Barcelona encabeza esta tendencia, con una caída del 90% respecto al volumen de viviendas disponibles en alquiler que existía a finales de 2020. Esto significa que nueve de cada diez viviendas que entonces estaban en el mercado ya no se encuentran disponibles.
Tras Barcelona se sitúan Granada (-76%), Palma (-75%), Madrid (-73%), San Sebastián (-72%), Las Palmas de Gran Canaria (-72%), Sevilla (-72%) y Bilbao (-70%).
También destacan las reducciones registradas en Málaga y Girona (ambas con un descenso del 69%), Oviedo (-66%), Cádiz (-65%), Valencia (-65%), Tarragona (-59%), Salamanca (-58%), Alicante (-54%), Córdoba (-53%) y Santander (-51%).
Por el contrario, solo siete capitales españolas cuentan actualmente con más oferta disponible que hace cinco años. Se trata de Cuenca (+113%), Ceuta (+67%), Lugo (+35%), Segovia (+23%), Cáceres (+18%), Badajoz (+8%) y Jaén (+5%).
La competencia entre inquilinos se dispara
La caída de la oferta ha provocado un fuerte aumento de la competencia por cada vivienda que sale al mercado.
Lleida lidera este ranking, donde la competencia se ha multiplicado por más de once, registrando un incremento del 1.050%. Le siguen Palma (+1.041%), Burgos (+976%), Barcelona (+917%), Granada (+917%), Bilbao (+864%) y Salamanca (+839%).
Madrid tampoco ha escapado a esta tendencia, acumulando un incremento del 558% en la competencia por cada vivienda disponible.
Resulta especialmente significativo que ninguna capital española haya registrado una disminución en el número de familias interesadas por cada inmueble. Los menores incrementos se han producido en Ceuta (+134%), Cuenca (+141%), Pontevedra (+178%), Lugo (+203%) y Badajoz (+210%).
Precios de alquiler en máximos
La combinación de una demanda creciente y una oferta cada vez más limitada ha tenido un efecto directo sobre los precios.
Valencia es la capital donde más han aumentado los alquileres durante los últimos cinco años, con una subida acumulada del 82%. Le siguen Alicante (+73%), Segovia (+71%), Barcelona (+63%) y Palma (+63%).
También destacan las subidas registradas en Málaga (+62%), Santa Cruz de Tenerife (+58%), Guadalajara (+57%), Madrid (+54%) y Ávila (+51%).
En el extremo opuesto se encuentran Bilbao, San Sebastián y Melilla, donde los precios han aumentado un 22%. A continuación aparecen Huesca (+23%), Vitoria (+24%), Córdoba (+25%) y Pamplona (+26%).
Un mercado cada vez más tensionado
Los datos muestran una tendencia clara: menos viviendas disponibles, más familias compitiendo por cada inmueble y precios significativamente más elevados que hace cinco años.
Según este análisis basado en datos de Idealista, la evolución reciente del mercado del alquiler coincide con un escenario en el que la oferta se ha reducido de forma considerable mientras la presión de la demanda continúa aumentando. Como consecuencia, el acceso a una vivienda en alquiler resulta hoy más difícil y costoso para un número creciente de familias.



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